El filósofo bilbaíno, Jesús Mosterín, se pregunta sobre el
porqué y el sentido que la información tiene en nuestras vidas, para ello parte
de la premisa de que los seres humanos y la información que manejan en sus
existencias comparten un intenso vínculo.
Para tratar de desenmarañar esta unión comienza analizando en
profundidad el concepto y los orígenes de la Cultura
en el primer capítulo de su obra Filosofía
de la Cultura. Para ello comienza realizando un completo análisis
etimológico de la palabra cultura en
el que descubre que la palabra en su origen latino era utilizada para hacer
referencia a la acción de cultivar. Con el paso del tiempo el uso de éste
término fue derivando hasta ser utilizada para hacer alusión al gusto que las
personas con una buena educación tenía por la lectura de novelas, asistencia a
conciertos, obras de teatro, o exposiciones de pintura.
En resumen,
“la cultura abarca todos los conocimientos, capacidades y hábitos adquiridos en sociedad”.
Por tanto, la cultura no es un
factor que se herede genéticamente de generación en generación sino que el ser
humano es capaz de adquirirla por aprendizaje social aunque esto conlleve un
consecuente gasto de tiempo y energías. En la construcción de la propia cultura
personal, la información juega un papel primordial, ya que ésta aporta al
individuo los mensajes y los datos necesarios sobre cómo debe adaptarse a su
circunstancia particular. Esta información, al contrario de lo que afirma en
relación a la cultura, sí se obtiene por herencia biológica, además de por
supuesto obtener por el propio aprendizaje.
Así Mosterín llega a la conclusión de que la cultura es
información transmitida por aprendizaje que puede ser de diversos
condicionantes sociales, tales como son el grupo o familia y la escuela. Además
la información que un ser humano acumula en su persona no puede formar parte de
la cultura hasta que no es transmitida.
Tras leer el texto de Mosterín he podido observar cómo el
filósofo realiza un interesante y concienzudo análisis de la información que nos
revela la estrecha unión que guarda con la cimentación de nuestra identidad, de
nuestro conocimiento, y en definitiva de nuestra cultura.
Sería interesante por tanto investigar si la relación información-cultura se cumpliría cuando
tratamos de comprender por qué algunos sectores de la sociedad poseen un escaso
nivel cultural. Si esta ecuación influiría en el desarrollo del nivel
intelectual de esos individuos y si lo hiciera, las consecuencias que un mayor
acceso a la información conllevaría en esos determinados grupos de individuos.
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